domingo, 24 de junio de 2018

Me entristece profundamente que se piense que un debate, que se basa en legalizar una conducta que pone fin intencionalmente a la vida de los seres humanos en gestación, enriquezca la democracia



Publicado el 24 de junio de 2018
En Facebook Gabriela Michetti
como comentario a "La riqueza de la democracia está en el debate"

Sra. Vicepresidenta:

Acabo de leer, en los diarios La Nación y Clarín, “La riqueza de la democracia está en el debate”.

Me entristece profundamente el párrafo: “En relación con la participación de la Comisión de Asuntos Constitucionales, aunque hubo alguna crítica, entiendo que la mayoría comprende con racionalidad que debe tener la mirada desde la perspectiva, toda vez que nuestra Constitución Nacional desde el año 1994 incorpora como parte suya los tratados internacionales en materia de derechos humanos, materia que se ha puesto en juego en este debate, tanto desde una posición como desde la otra. (…)”.

Según entiendo, no son dos las posiciones que han puesto en juego en este debate el respeto por los derechos humanos. Sólo una de las posiciones pone en juego los derechos humanos. La única posición que juega con los derechos humanos es la que no comprende el Artículo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (ONU, 1948) cuando cuestiona que ese artículo establece precisamente que el derecho a la libertad y el derecho a la seguridad se subordinan al derecho a la vida que todo individuo tiene.

Copio textual el Artículo 3 de esa Declaración Universal: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.”[1]

Para la otra posición (en la que me incluyo), no hay dudas sobre el orden de precedencia que el Artículo 3 de la Declaración Universal establece entre el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad. Es claro, el derecho a la vida es primero, y prima por sobre el derecho a la libertad.

Quienes entendemos que el derecho a la vida precede a cualquier otro derecho, aunque la vida nos resulte ardua, no confundimos el bien con la conveniencia ni la verdad con el consenso. Tampoco desligamos la libertad de la responsabilidad.
Me entristece profundamente que se piense que un debate, que se basa en legalizar una conducta que pone fin intencionalmente a la vida de los seres humanos en gestación, enriquezca la democracia.-
Roxana Elena Stasiow
DNI: 21474352


[1] Organización de las Naciones Unidas
Declaración Universal de Derechos Humanos. - 1a
ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Ministerio de
Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Secretaría
de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, 2016.
20 p. ; 13 x 9 cm. - (De bolsillo)
ISBN 978-987-4017-04-8
1. Normativa de Derechos Humanos. I. Título.
CDD 323

1ª edición: abril de 2016

© Secretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural

Esta publicación fue realizada por el Área de Publicacio-
nes de la Secretaría de Derechos Humanos y Pluralismo
Cultural del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos
de la Nación.

jueves, 14 de junio de 2018

La vida inherente a cada ser humano merece respeto desde la fecundación

Publicado el 10 de junio de 2018 a las 20:43
En Facebook Mauricio Macri
como comentario a:
MÁS DE 100 HORAS DE UN DEBATE HISTÓRICO

Sr. Presidente:
Con todo respeto, ¿cómo puede hacernos mejores argentinos estar pensando en legalizar una conducta que pone fin intencionalmente a la vida de los seres humanos en gestación?
Sinceramente creí que todas las voces iban a ser escuchadas. Por ese motivo me inscribí para disertar y, aunque en varias oportunidades consulté, nunca me confirmaron el día y el horario que me habían asignado.
No importa, le comparto el texto de la que hubiera sido mi disertación ante los legisladores:
 

La vida inherente a cada ser humano
merece respeto desde la fecundación.
Los proyectos que pretenden legitimar la interrupción voluntaria del embarazo son éticamente inadecuados.
por Roxana Elena Stasiow
DNI: 21474352
Odontóloga, Facultad de Odontología, Universidad de Buenos Aires.
Magíster en Gerencia y Administración de Sistemas y Servicios de Salud, Universidad Favaloro.
Especialista en Organización y Administración de Sistemas de Salud, Facultad de Odontología, Universidad Nacional de La Plata.
Magíster en Ética Biomédica, Universidad Católica Argentina.

La vida inherente a cada ser humano merece respeto desde la fecundación, porque un ser humano es y será siempre el mismo ser viviente humano desde que inicia su existencia, cuando el espermatozoide fecunda el óvulo, y hasta que acontece su muerte y deja de existir.
La transmisión de la vida humana, de progenitores a descendientes, además de seguir una secuencia biológicamente establecida, determina, que desde la fecundación, cada ser humano tenga una vida suya y propia. Una vida que lo distingue por su individual patrón estructural. Una vida peculiar, donde -desde la fecundación- cada instancia vital es el resultado de numerosos procesos previos y motivo de próximas expresiones humanas.
Desde cigoto, el ser humano concebido, es mucho más que una simple novedad biológica. Desde embrión unicelular, el ser humano concebido, es mucho más que un mero producto natural. El ser humano concebido, desde la fecundación es una mujer o un varón, que espontánea e inmanentemente, de ser un ser humano totipotente, en pocos días, pasa a ser un ser humano multicelular.
Es verdad que la esencia y naturaleza humanas se van expresando a medida que transcurre el tiempo. Pero no hay dudas que ya están allí, en el singular mensaje genético que, desde la fecundación, le otorga identidad humana a cada ser humano.
Si no fuera así, ¿qué otro tipo de identidad podríamos tener quienes fuimos o quienes son y serán concebidos a partir de gametas humanas?
Ser un ser humano es un valor en sí mismo. Es un valor existencial. Un valor que no depende ni de la edad gestacional, ni de la cantidad de células, ni de las capacidades que cada uno tenga. Es un valor existencial que tampoco depende de la etapa de crecimiento y desarrollo que se esté transitando.
Para algunos, puede ser práctico y hasta conveniente afirmar, que durante los primeros días o semanas de vida intrauterina, el embrión es apenas un conjunto de células que no puede compararse con un ser humano. Pero es un gran error. Todos conocemos la gran diferencia que existe entre una célula viva y un organismo viviente. Nos consta esa diferencia. Tanto Ustedes como yo, como los cigotos humanos, los embriones humanos y los fetos humanos estamos constituidos por células con ADN humano que materializan el organismo vital, uni o multicelular, que expresa nuestra singular humanidad, la realidad existencial que fuimos o que somos. Y, sobre esto, no existe la más mínima duda. Es una verdad biológica comprobada y comprobable.
Además, porque los embriones humanos no son simples conjuntos de células aglutinadas, sino seres humanos concebidos y existentes, catorce días después de la fecundación, ya esbozan las células precursoras de sus gametas que, llegado el momento, y de no mediar inconvenientes en su salud sexual, les permitirán transmitir la vida humana a los que serán sus descendientes.
Generar confusión, sobre la vida intrauterina de los seres humanos, es pretender ignorar que cada ser humano que existe desde la fecundación, es el individuo titular de la vida que le es inherente. Por eso es muy injusto afirmar, que la intención o no de engendrar un descendiente, es lo que determina que estemos en presencia de un ser humano y lo cuidemos o que estemos ante un material abortivo y lo desechemos.
Decir, que la semana catorce o que cualquier otra semana de gestación pueden ser las instancias que determinen que un ser humano comience a gozar de los mismos derechos que a otros seres humanos ya se nos reconocen, es pretender justificar que unos pocos o muchos miembros de la sociedad se arroguen el derecho de determinar quiénes tienen derecho a la vida y quiénes no lo tienen.
Legal o clandestino, el aborto o la interrupción del embarazo, siempre, pero siempre, termina con la vida del ser humano que está viviendo la etapa intrauterina de su vida. Lo mata. No hay ninguna duda que lo mata. Por cada aborto, y en todos los abortos, muere una niña concebida o un niño concebido.
Señoras y Señores Legisladores, en esta ocasión, una sola cosa les pido: cuando llegue el momento de votar, y sean mis representantes allí en la Cámara, voten con verdadera vocación de servicio para proteger, desde la fecundación, la vida y la salud de todos los seres humanos.
Nada más les pido. Pero tampoco nada menos.
Roxana Elena Stasiow.-

 Roxana Stasiow