jueves, 20 de septiembre de 2007

¿Qué nos está pasando?

Durante los últimos días del mes de julio y los primeros de agosto, a través de los medios masivos de comunicación, nos enteramos que personas vivas son derivadas a la morgue, que una esposa quiere que su marido ofrezca su semen a cambio de dinero, que la legalización del aborto fue el remedio para evitar la delincuencia juvenil en Estados Unidos, que otra mujer pensó que alquilando su vientre iba a poder darle de comer a sus otros hijos y que hay adultos que no pesan más de 30 kilos.

Otras tantas veces, y ya en el ámbito de los establecimientos sanitarios, es común escuchar que aquel profesional que se expresa con firmeza porque no admite el incumplimiento de las normas mínimas de bioseguridad, en lugar de ser un agente de salud responsable que vela por sus pacientes, es simplemente una persona de mal carácter que además, dicen, no entiende lo que pasa. También pasa que, por caprichosas razones de servicio, algunos pacientes tienen turno una vez a la semana y otros -en el mejor de los casos- una vez al mes. Igualmente es frecuente que los pacientes sean cambiados arbitrariamente de profesional y, para colmo de males, se admiten insumos para su atención que no permiten brindar prestaciones de calidad.

Uno de los principios de la Bioética es el principio de no maleficencia. Cumplir con él obliga a no dañar y a realizar correctamente la labor profesional, sea cual sea, el lugar donde nos toque desempeñarnos.

Dice María Nieves Martín Espíldora que: "... el buen hacer profesional está estrechamente vinculado con el bien del paciente que es el fin prioritario de la actuación del médico y anterior a..." los intereses de cualquier sistema de salud.

Cuando las realidades que se nos presentan son tan complejas, la única alternativa posible es orientar cada conducta a la verdad y el bien para poder así tutelar la dignidad humana frente a todo intento distorsionante.

"La obligación de hacer el bien está siempre mediada por el juicio de la prudencia, que indica lo que debe hacerse aquí y ahora, atendidas las circunstancias y el papel del sujeto". (Joaquín García-Huidobro en 'Ética y Psiquiatría').

Estupefactos ante las múltiples facetas de la realidad sanitaria no debemos, a pesar de todo, dejar de mirar al futuro con confianza y esperanza. El actuar humano deberá promover la dignidad y la vocación integral de la persona. Cada hombre deberá reconocer que establece para con cada cosa y para con cada persona una relación de responsabilidad. De este modo, y en ningún caso, podrá justificarse que la persona humana sea instrumentalizada para fines ajenos a su mismo desarrollo y sometida a injustas restricciones en el ejercicio de sus derechos y de su libertad.

Elecciones y decisiones en el ámbito médico

"De frente a la necesidad de hacer una elección y de tomar una decisión en el ámbito médico, hay siempre una fase de 'in-decisión' durante la cual es necesario valorar todos los aspectos de la realidad y, de modo particular, las dimensiones de la salud: la dimensión física, la dimensión psicológica, la dimensión socio-ambiental y la dimensión ético-espiritual. Es justamente en esta dimensión que se garantiza la calidad humana de la decisión misma, evitando que se trate de una decisión simplemente técnica".


Fuente: DI PIETRO, María Luisa: Sexualidad y Procreación Humana, EDUCA, Bs. As., 2005.

La validez del consentimiento informado

Para que el consentimiento informado sea válido es necesario que:
  • Se comunique apropiadamente toda la información necesaria para decidir.
  • Se evalúe la capacidad del paciente para decidir y se compruebe que ésta permanezca intacta.
  • Se corrobore que el consentimiento del paciente haya sido expresado de modo voluntario y libre de coacciones.

Fuente: Dr. Lorenzo García Samartino, Apuntes de Psiquiatría I, Maestría en Ética Biomédica, UCA, Año 2007.

El inicio de la vida humana

En un único instante, cuando el espermatozoide penetra en el ovocito, toda la verdad y todo el misterio de la vida humana se manifiestan. Respetar y admirar ese momento sublime, que a un mismo tiempo revela y guarda el origen de un singular e irrepetible ser humano, nos hace mujeres y varones más plenos capaces de participar de la infinita verdad, bondad y belleza de la Creación.

Ningún acto humano debe violar principios en sí mismos absolutos

El Hombre tiene conciencia de lo bueno y de lo malo.

Una inteligencia bien habituada a la verdad capta la realidad tal cual es y no la construye según su conveniencia.

Cuando se niega la verdadera realidad del ser humano surgen los distintos enfoques reduccionistas que pretenden explicar la naturaleza del hombre desconociendo que su ser personal es una unidad de cuerpo y alma (materia y forma) y que, por su exclusiva dignidad, merece absoluto respeto.

Los actos humanos

Si la inteligencia y la voluntad libre rigen la conducta humana, para que cada acto humano salga bien, la parte racional del hombre debe ejercer a través de su voluntad un dominio político y no despótico sobre todo lo que de ser sensible hay en él.

Si los actos humanos emanan de la voluntad libre son susceptibles de valoración ética porque, en ausencia de necesidad, la persona es dueña de sus actos.

Tendencia al bien

En el Hombre hay siempre una tendencia al bien. No importa si este es un bien moral o no.

Por otra parte, el mal nunca debe ser elegido. Ni siquiera en aquellas ocasiones en las cuales se presenta disfrazado de bien. Por ejemplo, ligarse las trompas de Falopio para evitar abortos.

Es cierto que la voluntad puede desviarse del camino recto. No nos olvidemos que la voluntad es libre y es precisamente esta libertad la característica que nos permite a los seres humanos autodeterminarnos. Entonces, cada vez que la voluntad quiera aquello que la apartaría de su fin último, será la inteligencia la encargada de marcarle el rumbo permitiéndole comparar cada bien con el Sumo Bien.

Inteligencia y voluntad son las dos potencias específicas del Hombre. La primera nos permite conocer la verdad; la segunda, nos otorga la posibilidad de querer aquello que se nos presenta bajo razón de bien. Entonces, cuando mejor conocemos, mejor elegimos; cuando mejor elegimos, más nos perfeccionamos y, cuando más nos perfeccionamos, más nos acercamos a la felicidad.

El ser humano es un animal racional

De la unidad sustancial de naturaleza racional que define a todo ser humano brotarán, a partir de las potencias respectivas, actos orgánicos y actos inorgánicos.

El Hombre es el animal que tiene logos. Como animal puede conocer y desear aquellos bienes que le permitan satisfacer sus necesidades fundamentales como mantener la vida o multiplicar la especie. Como ente racional deseará ir más allá del mundo que lo circunda.

Hablar de racionalidad es hacer referencia a las dos potencias específicas de la naturaleza humana: inteligencia y voluntad libre. Con la inteligencia buscamos conocer la verdad. Con la voluntad queremos aquello conocido que la inteligencia nos presenta bajo razón de bien.

Estas potencias espirituales son las cualidades operativas que le permiten al Hombre expresar su naturaleza a partir de suponer como previas a las potencias orgánicas que, por su parte, son las que le permiten actuar. El Hombre, porque es Hombre, actúa como Hombre.

Todo Hombre es Persona

Definir al Hombre es revelar su esencia (aquello que lo hace ser lo que es) y mostrar su naturaleza (aquello que lo hace actuar de acuerdo a lo que es). También es aceptar que todo ser es esencialmente semejante y tiene la misma naturaleza que sus progenitores.

Nada de esto contradice que el ser humano es el viviente más alto. Para algunos, por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Para otros, sólo por tener naturaleza racional.

Más allá de acuerdos y desacuerdos, una cosa es bien cierta: todo ser humano guarda en sí mismo un valor inalienable, su dignidad y es precisamente este valor el que lo define persona.

No podemos alcanzar la felicidad solos

Todas las personas logramos nuestra plena realización como seres humanos cuando colaboramos con los otros y aceptamos que nuestro bien se da con el concurso de todos.

Los hombres, por su propia indigencia humana, se necesitan los unos a los otros y, por lo tanto, la realización del bien común se convierte en un deber de todos.

Nadie accede a su perfección como ser humano si no conserva su salud, si no está adecuadamente educado, vestido, instruido, etc.; pero, es cierto también, que nadie puede hacer todo esto si está solo.

Si cada uno aporta algo a los demás y se beneficia del aporte de los otros. Si todos tenemos derecho a la vida desde la concepción. Si la vida es el presupuesto para poder disfrutar de todos los demás derechos, ¿cómo es posible que nos empeñemos en negar aquellas leyes que sin estar escritas existen desde siempre y que nos impiden olvidarnos que todo ser individual perteneciente a la especie humana tiene una exclusiva dignidad personal?.

La vida -don de Dios y tarea del hombre- es el fundamento de la convivencia humana, el vínculo que nos permite el enriquecimiento mutuo y la razón de ser del bien común.

Si el Bien se confunde con la conveniencia y la Verdad con el consenso, la dignidad de la vida se reduce y se relativizan todos los derechos del hombre.

Fuimos creados por amor y para amar. El amor no existe como realidad aislada y su misterio más profundo es la capacidad de crear relaciones que comprometen nuestras vidas pero sin condicionarlas. El amor concreto nos hace más plenos. Vivir para y con los demás nos hace más felices.


Fuente:
BLANCO, Guillermo: Curso de Antropología Filosófica, EDUCA, Bs. As., 2004, pp.390-392.
REVELLO, Rubén: Familia y Vida. Compendio de Cuestiones Legislativas, Conferencia Episcopal Argentina, Bs. As., 2004.

El diálogo interreligioso y la defensa de la vida

El P. Giuseppe Buono, quien junto a la Dra. Patrizia Peloni acaba de publicar el libro Bioética, religioni, missioni, dice que:

"Las otras religiones del mundo, en la medida que tienen una visión del ser humano, adoptan posiciones precisas sobre los problemas de la vida y de la ética. Posiciones que muchas veces no sólo no coinciden sino que se contraponen, como por ejemplo, la religión hebraica y la católica en relación al aborto; o la aproximación completamente distinta que hay entre el mundo islámico y la iglesia católica en materia de contracepción. Estas divergencias muchas veces nacen de distintas, sino opuestas, antropologías que sólo con gran dificultad se pueden hacer coincidir.

Pero el punto de encuentro se da en el intento común de todas las religiones por salvaguardar la naturaleza humana. El punto de partida lo podemos encontrar en los principios comunes de la defensa de la vida. Las grandes religiones tienen en común la creencia en un Dios Creador donde el hombre no sería el propietario de la vida sino más bien un buen administrador. Precisamente a partir de este punto se puede iniciar un diálogo interreligioso con frutos."



Fuente: AGENCIA FIDES
www.fides.org
http://www.fides.org/ita/recensioni/2007/buono_pelosi_0407.html http://www.fides.org/aree/news/newsdet.php?idnews=10822&lan=sp

Objeción de conciencia

Es la posibilidad que tiene una persona física o una institución de eximirse de acciones prescriptas sin que, a consecuencia de ello, tenga que sufrir descriminaciones de ningún tipo o se deba renunciar a algún derecho.


Fuente: REVELLO, Rubén Pbro.: Familia y Vida. Compendio de Cuestiones Legislativas. Conferencia Episcopal Argentina, Buenos Aires, 2004, p.93.

Bioética: una definición

Es el estudio sistemático de la conducta humana en el ámbito de las ciencias de la vida y de la salud analizada a la luz de los valores y principios morales.

Es una reflexión ética racional que a partir de la definición del dato científico, biológico y médico analiza la licitud de la intervención que el Hombre realiza sobre el Hombre y la naturaleza.


Fuente: Apuntes de Bioética, Módulo I, Maestría en Ética Biomédica, UCA, Bs. As., Marzo, 2006.