jueves, 22 de julio de 2010

Delicado equilibrio

Los protocolos de atención buscan brindar, a través de un patrón de procedimientos, soluciones directas a los distintos procesos terapéuticos que permitan optimizar todos los recursos involucrados.

La mayoría de las veces se consultan expertos, se analizan minuciosamente las acciones que deben implementarse y se recurre a los datos más objetivos que las ciencias son capaces de brindar.

Sin embargo, cualquier manual de buenas prácticas no debe olvidar que el Paciente que padece, sus vínculos afectivos y el Profesional que le brinda asistencia no son meros recursos en un procedimiento determinado.

Un sutil equilibrio vincula a las personas entre sí y las coloca frente a todas las intervenciones posibles para determinar cuál es la más adecuada ante un particular momento terapéutico.

Ese delicado equilibrio entre tratamientos ordinarios, procedimientos extraordinarios, intervenciones ordinarias y prácticas extraordinarias hace que las normativas estipuladas queden relegadas a un segundo plano.

No hay excusas para resguardarse en sintéticas indicaciones cuando la decisión que se debe tomar pone en juego la dignidad misma de las personas involucradas.

Cada situación es singular. Cada etapa de un tratamiento es particular. Cada Paciente es único como únicas son las circunstancias que debe afrontar. Y cada Profesional asiste a cada enfermo desde sus más profundas convicciones personales y científicas.

Sea que se trate de cuestiones relacionadas con el inicio de la vida humana o de decisiones referidas al fin de la vida de un ser humano es importante destacar que de nada valen las guías más austeras de prácticas biomédicas si no tenemos presente que, en rigor, sólo somos personas asistiendo personas y que las soluciones respetuosas de la dignidad humana son las únicas alternativas verdaderas ante situaciones delicadas y difíciles.

Revuelo en la cartera de SaludConfusión por la guía sobre el aborto, que sigue vigente

El ministro Manzur no la avaló, pero tampoco ordenó anularla

lanacion.com | Información general | Jueves 22 de julio de 2010




Reflexión sobre la ley provincial de “voluntad anticipada”
La Plata (Buenos Aires), 22 Jul. 10 (AICA)


Voluntad anticipada: la norma puede interpretarse para contemplar casos de eutanasia por omisión

El doctor Juan Carlos Caprile, magíster en Bioética y profesor de la Universidad Católica de La Plata (UCALP), reflexionó sobre la Ley sobre Voluntad Anticipada recientemente sancionada por la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, y recordó que “los principios de la bioética indican que no se deben emplear métodos desproporcionados a las perspectivas de mejoría, evitando padecimientos desmesurados, pero siempre se debe administrar la hidratación y alimentación necesarias”.

El médico explicó que “estas prácticas son un apoyo vital científicamente destinados a aliviar los sufrimientos de los pacientes y sin las cuales mueren a causa de las complicaciones ocasionadas por la deshidratación y desnutrición, como una insuficiencia renal y respiratoria que desencadena en un paro cardíaco y muerte”.

Y advirtió que “estos son casos de eutanasia por omisión, un homicidio calificado ejecutado con la participación de varios cómplices lo que demuestra que en la actualidad se han acrecentado los atentados contra la vida humana y todo aquello que viola la integridad y dignidad de las personas”.

Asimismo, opinó que “no se puede considerar a la muerte como un acontecimiento calculado y programado porque se pierde su auténtico significado. Por ello debemos afianzar nuestro compromiso de defender la inviolabilidad de la vida desde la concepción hasta la muerte natural”.

El doctor Caprile sostuvo que “cuando un paciente es incapaz de darle sentido al dolor y a la muerte se considera a sí mismo como algo sin valor e indigno de merecer atravesar por tales circunstancias”.

“Como promotores de la cultura de la vida debemos procurar el reconocimiento del valor trascendente que el ser humano posee por su condición de persona, para que sean respetados todos los momentos de su existencia, incluso la muerte y así sea posible ‘morir con dignidad’”.

Texto de la reflexión
La Legislatura de la provincia de Buenos Aires ha sancionado una Ley al respecto. Los principios de la Bioética indican que no se deben emplear métodos desproporcionados a las perspectivas de mejoría, evitando padecimientos desmesurados, pero siempre se debe administrar la hidratación y alimentación necesarias. Estas prácticas son un apoyo vital científicamente destinados a aliviar los sufrimientos de los pacientes y sin las cuales mueren a causa de las complicaciones ocasionadas por la deshidratación y desnutrición, como una insuficiencia renal y respiratoria que desencadena en un paro cardíaco y muerte.

Estos son casos de Eutanasia por omisión, un homicidio calificado ejecutado con la participación de varios cómplices lo que demuestra que en la actualidad se han acrecentado los atentados contra la vida humana y todo aquello que viola la integridad y dignidad de las Personas.

En la última etapa de la vida, observamos distintas opiniones que tergiversan el auténtico valor de la vida y de la muerte decidiendo arbitrariamente el momento del deceso, justificando la voluntad previa del enfermo, el ejercicio de una presunta piedad ante el dolor del paciente o peor aún por razones utilitarias a los efectos de evitar gastos innecesarios costosos a las obras sociales.

Las decisiones de los pacientes deben ser consideradas a partir de que respete su propia vida y la autonomía moral del médico cuyo oficio no es destruir la vida sino salvarla. En el Juramento Hipocrático el compromiso es ejercer el “Arte de curar” y no “el arte de matar”.

La relación de libertad–responsabilidad entre el paciente y el médico no debe ser concebida en el sentido de que éste sustituya la voluntad del enfermo, pero tampoco que tenga que ser obligatoriamente el ejecutor de la voluntad del paciente respecto a su muerte.

Los actuales adelantos científicos, principalmente los Cuidados Paliativos, otorgan a los integrantes del Equipo de Salud todos los medios necesarios para aliviar los sufrimientos no sólo físicos sino también psíquicos y espirituales de los pacientes, tratando de mantenerlos en una aceptable calidad de vida hasta el momento de su deceso.

No se puede considerar a la muerte como un acontecimiento calculado y programado porque se pierde su auténtico significado. Por ello debemos afianzar nuestro compromiso de “defender la inviolabilidad de la vida desde la concepción hasta la muerte natural”.(S.S. Juan Pablo II).

Cuando un paciente es incapaz de darle sentido al dolor y a la muerte se considera a sí mismo como algo sin valor e indigno de merecer atravesar por tales circunstancias.

Como promotores de la Cultura de la vida debemos procurar el reconocimiento del valor Trascendente que el Ser Humano posee por su condición de Persona, para que sean respetados todos los momentos de su existencia, incluso la muerte y así sea posible “Morir con dignidad”.

Informes: juan.caprile1@speedy.com.ar .+



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